lunes, 27 de enero de 2014

La b y la v, la v y la b nunca se entendieron con Mikel. Y así un día Mikel escribía vibir, otro bivir y al siguiente vivir. A veces a nuestro protagonista le daba por iva o por iba; por varco o por barco; a veces se equibocaba y otras se equivocaba. Por eso un buen día llamó a las dos letras para que se pusieran de acuerdo. Lo cierto es que vistas o bistas así físicamente no tenía mucho sentido confundirlas: una era estirada y la otra vajita o bajita. Lo peor era que sonaban o sonavan igual. Daba igual que escribieras o escrivieras bino que vino. La b y la v le contaron a Mikel que para poder distinguirlas debería o devería leer mucho. Así entendería con quién encajaba o encajava mejor cada una de ellas, quién iva o iba con quien. Desde entonces Mikel entiende mejor a esas dos gemelas.
 

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